“The Plenipotentiary says that China is backward in everything but

punishment techniques. This is one area in which the Chinese are

world-beaters. Inflicting unbearable pain on someone before killing

him is a uniquely Chinese art and is at the core of its governing

philosophy.” Sandalwood Mo Yan

 

Entiendo al mundo de una manera particular, sin querer decir cosas que todos sabemos, pienso como lo haría la mayoría de las personas en occidente. Por años distintos  gobiernos han castigado a quienes se oponen a ellos, a los que inspiran el desorden y retan a la autoridad. Lo que varía de nación en nación es el tipo de castigos permitidos y buscados por sus dirigentes.

La autoridad obtiene su poder de distintas maneras, ya sea por mandato divino, porque el pueblo lo ha decidido o porque lo ha tomado. Su legitimidad depende de muchas cosas, una de ellas es lo que creen los ciudadanos, lo que dice la cultura y la historia de ese pueblo.

Decidí cambiar mis autores predilectos por un rato y explorar horizontes nuevos, ahora es el turno de Mo Yan, premio Nobel de Literatura. Para ser honesta no he llegado a la mitad del libro, pero no dejo de pensar la historia una y otra vez. El board of punishments diseña castigos que honren a los nobles y aterren al pueblo, asegurando el orden divino del país.

Eso no me escandaliza, hace siglos en Europa uno de los mayores espectáculos consistía en colgar o decapitar presuntos criminales y gente indeseable para la comunidad. Los métodos de tortura son múltiples y los romanos también los conocían. Así que ¿qué tiene China que me pone la piel chinita? Quizá es porque estamos en el S. XXI y no veo nada que justifique acciones semejantes. La tortura y la pena de muerte son temas muy discutidos, sin hablar de países, entre estados no hay una decisión unánime sobre qué hacer con los criminales.

Lo que da vueltas en mi mente una y otra vez es la legitimización. ¿Porqué si la Emperatriz Dowager Ding quiere ver a un hombre ser despellejado porque no rindió honores a su nobleza está bien? No lo entiendo, pero quizá si viviera en China y entendiera o sintiera su religión le daría menos vueltas al asunto.

En el fondo todos los castigos tienen un mismo fin, pero la manera de llevarlos a cabo marca toda la diferencia. El arte de la tortura es un arte que no sirve necesariamente para castigar y eso es lo que hace ruido en mi cabeza. Cuando se refina tanto una actividad no se hace simplemente para dar una lección a los que permanezcan vivos, sino también porque se puede llegar a apreciar como algo estético.

El espectáculo no es algo instructivo, pero tampoco lo es el miedo o la intimidación. Siempre he pensado eso y por eso nunca he terminado de estar de acuerdo con Hobbes, aunque ese es un cuento distinto.

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Chloe Nava Ecobichon

@mmeroubaud